El mundo visto desde otro ángulo

Suele suceder que en los semáforos se nos acercan todo tipo de vendedores y mendigos. No sé si me sale el espíritu tacaño de McPato, pero me da cólera ver gente joven mendigando, en lugar de buscarse un trabajo más fuerte… en cuanto a los niños, cierto es que hay muchos explotados por adultos (sé de varios que no pueden regresar a su casa si no han completado determinada suma), pero también hay chiquillos que al trabajar ayudan en casa a alimentar a los hermanitos menores. Es difícil determinar cuáles trabajan por este motivo, y cuáles por ser explotados… Eso sí: no les doy a los niños que tienen la carita pintada como payasitos tristes; esa táctica obviamente es de los mendigos “profesionales” que apelan al corazoncito de los que estamos al volante.

Pero ayer que íbamos por la calle con mi hijo, en un semáforo se acercó un joven… sin una pierna. (No era de los cojos “bamba” que van en silla de ruedas y se hacen pasar por paralíticos). El chico iba apoyado en sus muletas y con un trapo limpiaba los parabrisas de los vehículos que se detenían en el cruce. Entonces comenzamos a conversar con mi hijo sobre lo difícil que es ser discapacitado en nuestro país, sobre las pocas opciones que tienen estas personas para poder conseguir un trabajo digno. Y no sólo eso, sino sobre la discriminación que sufren hasta en las cosas más simples… una discriminación que puede pasar inadvertida para muchos, pero no para ellos.

Recordé algo que viví en el Jamboree de Holanda, en el Global Development Village. Ahí tuve mis 5 minutos de discapacidad, pues me senté en una silla de ruedas y tuve que pasar por algunas de las tantas dificultades que sufren estas personas… el simple hecho de no tener rampas de acceso a los diversos lugares: oficinas, tiendas, inclusive a las viviendas de sus amigos! … otra experiencia fue el tratar de llamar desde un teléfono público (claro, hoy existen los celulares, con lo que se soluciona un poco el tema…. a menos que uno ya no cuente con saldo en el teléfono!). Fíjense en todas las cabinas telefónicas en nuestro país: ¿a qué altura se encuentra el teléfono? ¿Cómo se puede descolgar el auricular o presionar los botones si uno no puede estar de pie? ¿Cómo se podrían meter monedas, en el caso de un teléfono de este tipo? Otras situación típica: los baños públicos. No todos cuentan con un baño especial para discapacitados, con un espacio grande para colocar la silla de ruedas o con una barra para poder sujetarse. O el movilizarse en transporte público: ¿se imaginan una persona realmente paralítica, tratando de subir con su silla a una combi? En Estados Unidos es asombroso ver las plataformas especiales con que cuentan los buses para subir a personas en sillas de ruedas, sin obligar a éstas a caminar un poco para poder subirlas.

Ahora bien, no crean que todo funciona a las mil maravillas en las ciudades “civilizadas” del primer mundo. Hace poco estuve en París y me di cuenta de que un discapacitado no puede bajarse en cualquier estación del metro, pues no todas cuentan con elevadores. Ciertamente el metro de París es el más antiguo del mundo y en la época en que fue construido no había tanta tecnología para ayudar a los discapacitados; pero desde hace tiempo, mejoras en las infraestructuras siempre puede haber… este mismo problema se repite en muchas otras ciudades que cuentan con el servicio del metro… Así que si algún día se hace un metro en Lima, ya saben que mandaré de cajón mi sugerencia para considerar ascensores en todas las estaciones!!! Claro que de aquí a que me hagan caso…. mmmm…. en fin. No hay peor empresa que la que no se haga, no?

¿Y qué me dicen de los ciegos? En otros países hay semáforos especiales que emiten señales sonoras, para avisar a los ciegos que pueden cruzar. Aquí con las justas he visto en algunos postes de San Isidro, unas placas con algunas marcas en Braille…. me imagino que dicen los nombres de las calles. En cuanto a perros lazarillos bien entrenados, son prácticamente inexistentes (ni siquiera hay los mal entrenados!).

En algunos supermercados y grandes almacenes hay espacios destinados a personas discapacitadas, o mujeres gestantes. La medida es buena, lástima que algunos de esos espacios tengan el mismo ancho que los normales (quienes los establecen no piensan que los destinatarios de dichos espacios, podrían requerir de unos centímetros más). Pero lo peor es cuando personas tan sanas como tú o como yo, tienen la desfachatez de ocupar tales lugares, y se bajan de lo más campantes sin que nadie pueda decirles nada! Los vigilantes se acobardan, sobre todo si el intruso es un tipo que maneja un autazo, o si es más alto que ellos. Es una vergüenza: en otros países la gente respeta tales espacios, sí o sí. (También podría ser porque la policía es bastante estricta con las multas).

Por otro lado, da gusto cuando en algunos supermercados encontramos trabajadores con alguna discapacidad, y que a pesar de ella desempeñan bien su labor y se han ganado el respeto de sus compañeros y de los clientes.

En las últimas elecciones yo voté por un congresista discapacitado, pensando que tal vez él haría algún intento de reformas en beneficio de otros discapacitados…. aunque él anunció que no era su prioridad. Es una lástima que no lo fuera. Porque en verdad se necesita más justicia para tanta gente que merece vivir, trabajar y ser tratada con más dignidad.

Mientras tanto, los Scouts debemos aprender a ver – como dice Saint Exupéry – con el corazón. Las personas con discapacidad son más que eso: son personas completas, con virtudes, con defectos, con aspiraciones y sentimientos. En todo ello son iguales que nosotros. Por lo demás, recordemos en nuestra seña scout lo que significa el dedo pulgar sobre el meñique: el fuerte protege al débil.

Vivamos con hechos este concepto.