Un par de consejos prudentes antes de viajar

¿Quién no tiene unos zapatos favoritos? Podrán ser del año del rey pepino, estar bien viejitos, hasta medio descosidos, pero ahí están: son lo más cómodo que pueda haber y por eso no queremos deshacernos de ellos.

Eso me pasó con unos botines “Hush Puppies” que me compré el siglo pasado…. claro, fue en 1993, poco antes de irme al Moot en Polincay, Chile. Estos botines eran de buen cuero, comodísimos, bonitos (no chancabuques) y además tenían un cierto nivel de impermeabilidad. Además, me daban mucha seguridad al bajar cerros – que para mí es más traumático que subirlos. (A ver si Hush Puppies me da una comisión por la propaganda).

En todos estos años los usé muy poco, solamente en un par de campamentos y una que otra vez en la chacra de mi esposo. Obviamente no salía con ellos a la calle en un día común y corriente. Sin embargo, el tiempo no pasa en vano, y el borde de la suela (digamos, el filo del botín) se rajó. Felizmente el cuero seguía impecable, como cuando los compré. Así que me dije: me los llevo al Jamboree Mundial, previa renovación con el zapatero. Los llevé, le pedí que no le cambiara las suelas (porque debido al poco uso, estaban también casi nuevas), sólo tenía que ponerle un nuevo ribete al costado. Me los devolvió impecables y así los guardé en mi mochila en la madrugada antes de viajar.

Por cierto, aquí viene el primer consejo:

Nunca hagas tu equipaje en la víspera del viaje !!!!!!!!!

Ah sí, siempre me digo esto, pero no sé por qué termino ignorando mi propio consejo. Ciertamente comencé a preparar el equipaje días antes, pero faltaban sólo unas horas para salir al aeropuerto y la mochila seguía abierta!!! Debido a la carpa, el sleeping, la ropa, los regalitos y las cosas para intercambiar con otros scouts… y los botines… la mochila estaba por reventar. Así que decidí ponérmelos para viajar.

Entonces….

…. entonces fue cuando los sentí ligeramente estrechos!!!!!!!!!

“Debe ser mi idea”, pensé, pues todo ese día estuve caminando por aquí y por allá, y seguro mis pies estarían hinchados. Seguro que después de unas horas, sentiría los botines como guante, tal como siempre.

CRASO ERROR!

En el avión me quité los botines para descansar, y recién al sobrevolar Madrid me los volví a poner. Uf! Estaban ajustados – lógico: “en el avión también se hinchan los pies”, eso todo el mundo lo sabe, no? Seguro que en tierra firme las cosas volverían a su tamaño normal.

En el aeropuerto de Barajas nos demoramos un siglo entre pasar migraciones y de ahí buscar el lugar de custodia – donde dejar las mochilas temporalmente – para luego treparnos al metro e ir al centro de la ciudad, donde nos esperaría Mayito, nuestra amiga que ya reside en Madrid hace cierto tiempo. Mis botines seguían ajustados… ya pasaría.

Por fin, después de unas DOS HORAS, nos hemos encontrado con Mayito. Ella nos hizo un tour fugaz por el centro terminando con un almuercito. Ya que teníamos poco tiempo (pues debíamos volver para tomar nuestra conexión hacia Paris) hemos caminado rápido para ver lo más que se podía. Fotos aquí, fotos allá… Mis pies fastidiaban, pues lógicamente no habían recuperado su tamaño. Llegó un momento en que el fastidio se convirtió en dolor, así que la parada para almorzar fue muy bien recibida, aunque decidí no quitarme las botas por nada, no fuera que mis pies se hincharan aun más al verse libres!!! Esta misma decisión mantuve durante el vuelo a París: recién soltaría los pasadores donde Valerie, nuestra amiga que gentilmente nos había invitado a quedarnos en su departamento.

El viaje en bus y metro hasta la casa de Valerie fue bastante tranquilo… lo duro fueron las 3 cuadras desde la estación del metro hasta su departamento!!! Las mochilas y los “carry-on” pesaban más que nunca… y ni qué decir de cómo estaban mis pies! Los sentía como talla 45!!!

Una vez sentada en la cama, llegó el momento de la verdad: me solté los pasadores y encontré lo que yo llamo “mi souvenir de Madrid”: tenía varias ampollas en los dedos e inclusive las uñas de mis pulgares estaban NEGRAS por la presión del zapato, tal como ocurre cuando uno se chanca una uña: Ambas tenían una mancha oscura horizontal, más o menos a la mitad… es decir: tendría que esperar un buen tiempo a que desapareciera: cuando la uña creciera lo suficiente para cortarla a ese nivel. (Nota: Todo esto ocurrió a fines de julio 2007…. y recién se ha borrado el último vestigio de mancha ahora en febrero 2008!)

Me daba mucha pena dejar mis botines por ahí. Como dije al comienzo, eran mi adoración. Y además, estaban casi nuevos. Pero así no podía seguir caminando, y menos en el Jamboree. Así que nos convencimos que aunque París fuera una ciudad bastante cara, teníamos que conseguir unos botines sustitutos. Valerie nos recomendó un par de tiendas en el centro, y en una de ellas obtuvimos lo más aproximado.

Mejor dicho, no era lo más aproximado, ni siquiera vagamente! Lo único que tenía de aproximado era su impermeabilidad. A decir verdad: son mejores en este tema (supuestamente son 100% impermeable). Por lo demás, SON UNOS CHANCABUQUES, enormes! Me siento como Pulgarcito con las botas de las 7 leguas, o como un rapero. En todo caso, ya no me hacían doler los dedos. Y lo de la impermeabilidad creo que es cierto, porque tuve los pies completamente secos a pesar de un par de lluvias y lodo que soportamos en el evento.

En cuanto al destino de mis botines: los estuve ofreciendo todo el tiempo para intercambiar por algo (especialmente por una casaca de la delegación de Hong Kong, claro!). Hasta hubo gente que me los quiso comprar – pero estaba prohibida toda transacción de dinero, lamentablemente. Además, valga la aclaración, el precio que ofrecían era mucho menor que el valor de semejantes botines de excelente calidad – y poco uso!

Guardé esperanzas de cambiarlos hasta el último momento. Pero al final me quedé con ellos. Preferí traérmelos al Perú, antes que regalarlos “a un niño pobre de Inglaterra”. La feliz destinataria fue la hija de la señora que trabaja en nuestra casa. Al menos sé que están en muy buenas manos.

Concluyo dándoles mi segundo consejo:

Nunca arregles tus botas justo antes de irte al Jamboree!!!

(O en todo caso, pruébatelas antes de llevarlas de paseo por toda Europa… y traerlas de vuelta!)